La solidaria experiencia literaria — El blog de Fabio

La vida del bloguero es de navegante por las amplias aguas del océano de la red. La vida del escritor es de apóstol de las letras. Sí, más o menos, como el médico en un barrio carenciado, o la monjita en zona de guerra. Claro que escribir es, digamos, más confortable que caminar por lugares […]

a través de La solidaria experiencia literaria — El blog de Fabio

 

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Jueves de café

#JuevesDeCafé
“Recuerdos,
momentos,
una vida
construir
contigo.
Pensamientos
acompañados
de una taza
de café.”

Belita

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Julia

Julia es una niña risueña
De cabello rizado,
Encantadora, pequeña
piel morena
un tanto rolliza, trigueña.

Desde la noche anterior
Muy emocionada
Ha preparado con sumo cuidado
Su mochila de cuadernos
¡Cuánto ama ese olor a nuevo!

Va imaginando lo que aprenderá
Cuántos amigos nuevos tendrá
¿Y la maestra?
¿Será tan bonita como mamá?
Piensa que no puede
Haber mayor felicidad

Antes de salir se despide
de su amigo el árbol,
plantado hace más de
cuarenta años en el patio.
El agita sus ramas con gracia
mientras ella emprende la marcha.

Entra sonriente al aula
pero su alegría se va desvaneciendo.
Cuchicheos y risitas.
Miradas llenas de malicia.
Profundo desprecio en las caritas,
que la van entristeciendo.

¿Qué hace esa mestiza aquí?
¿Vieron su cabello?
La peluca de un payaso es
¡No hay nada más feo!
Risotadas resuenan en su alma
Siente ganas de llorar.

El día transcurre con lentitud
ella intenta mantener la actitud,
regresa a casa, triste, cabizbaja.
Dulces enredados en su cabello
sus lápices rotos, como su corazón.

En el alma profundas heridas
heridas llamadas palabras
palabras hirientes
que la hacen sentir diferente.
Corre al árbol que la abraza
nada mejor que llorar,
en el pecho de un amigo
para desahogar el alma.

-Que el dolor no te carcoma,
Que la burla no te mengüe.
Anda mi niña – dice el árbol sonriente.
Tú no eres lo que dicen.
Tú eres lo que crees.
Duerme en mi regazo
como un tronco sé fuerte
tus raíces te sostienen,
mientras con mis ramas
te abrazo, tú
resiste el rechazo.

Belita

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Xocomil

#Asíesmitierra

Ya en varias ocasiones les he mostrado imágenes del hermoso lago de Atitlán ubicado en el departamento de Sololá, lo que no les he contado es que a partir de las 5 de la tarde, se levanta un viento recio sobre el lago que impide la navegación y que ocasiona un oleaje bastante fuerte y peligroso. Debo advertirles que es letal nadar durante este fenómeno, es como si las aguas del lago se tragaran lo que tengan sobre ellas.

Para los habitantes de esta región la explicación es sencilla, se trata del espíritu que protege el lago, su nombre Xocomil”  palabra que viene del cackchiquel  “Xocom” que significa “recoger” e “ill”  que significa pecados, es decir es el espíritu  que recoge los pecados de los habitantes y turistas que visitan alguno de los 12 pueblos que viven alrededor del lago.

Hay varias leyendas acerca del espíritu Xocomil, pero hoy les contaré la más popular.

Cuenta la leyenda que antes de la formación del lago habían tres ríos que se juntaban al centro de los tres volcanes. Cada mañana iba una doncella a bañarse a los ríos. La doncella era de una cabellera larga y negra, delgada de piel suave y fina y de una belleza incomparable. Era la hija del cacique de la región y su nombre era Citlatzin que significa “estrellita”. Cantaba con una dulzura excepcional y las aguas de los ríos se enamoraron de ella y cada día esperaban el baño de Citlatzin con ansias. Los ríos se creían los amantes de Citlatzin aunque sabían que ella era la prometida del hijo del cacique del norte.

Una mañana de tantas, después del baño usual, Citlatzin decidió dar un paseo para recoger algunas flores para su madre. En el camino se topó con Tzilmiztli. Tzilmiztli era hijo del carpintero de la región, por lo tanto un plebeyo. Su nombre significa “Puma Negro”. No era permitido que la nobleza se mezclara con los plebeyos pero el encuentro casual de Citlatzin y Tzilmiztli los impactó a los dos. Al verse a los ojos sintieron como la electricidad les recorría el cuerpo y no querían separarse jamás. Hablaron de todo un poco y acordaron volverse a ver a la mañana siguiente en el mismo lugar. Desde ese día, Citlatzin y Tzilmiztli se encontraban a escondidas y compartían momentos inolvidables. Una mañana sin pensarlo Tzilmiztli le rozó la mejilla y la besó apasionadamente. Del beso pasaron a más y así empezaron a tener una apasionada aventura amorosa que los hizo enamorarse y aferrar el alma hacía un destino incierto y sin futuro.

Mientras tanto los ríos veían un cambio en Citlatzin que no sabían como interpretar. Ya no jugaba con sus aguas cristalinas como antes sino que se apresuraba a bañarse y hasta dejó de cantar para ellos. Ellos sabían que algo la distraía pero no comprendían que era. Después de algunos meses se empezaron a ver cambios en el cuerpo de Citlatzin. Los ríos que conocían todos sus rincones sabían que estaba diferente. Sus formas de niña se había transformado a formas de mujer. Sospechaban que Citlatzin se había enamorado pero no podían estar seguros. Sabían que faltaba bastante tiempo para que ella se casara asi que no comprendían quien podía estarla distrayendo. Se morían de la curiosidad así que decidieron preguntarle al viento si podía contarles que sucedía. El viento les contó de los encuentros de Citlatzin con Tzilmiztli. Los ríos se cegaron de los celos y decidieron hacer algo para separarlos. Le pidieron al viento que les ayudaran a traer a Tzilmiztli y Citlatzin a los ríos. Querían castigar a Tzilmiztli enfrente de Citlatzin para que ella supiera que con ellos no se jugaba.

El viento empujó a Tzilmiztli y a Citlatzin hacia los ríos y cuando llegaron a la orilla empujó con más fuera a Tzilmiztli para que entrara a las aguas de los ríos. Tzilmiztli se enredó en las aguas enfurecidas mezcladas con el viento que lo envolvían para hundirlo en ellas. Cuando Citlatzin notó lo que estaba sucediendo decidió que no podía vivir sin Tzilmiztli y voluntariamente entró a las aguas y en medio de la furia tomó la mano de Tzilmiztli para luego hundirse con él hasta las profundidades.

Los ríos al ver que Citlatzin había decidido acabar su vida junto a Tzilmiztli se enfurecieron aún más hasta formar un choque de corrientes que cubrió casi toda la región.

Así fue como se formó el Lago de Atitlán. Las aguas nunca olvidaron la traición de su amada y junto con el viento todavía protestan su pecado.

Tomado del blog: http://loscuentosdekutz.blogspot.com/

#FelizMiércoles
#CinturitaDeLaSemana
#Asíesmitierra
Lago Atitlán, Sololá.
Foto: José Edgardo

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