#JuevesDeCafé

 

“Cada noche habitas mis sueños
y entre mis pensamientos te paseas
mientras acompaño mi insomnio
con una taza de café.”

Bela

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Tweet CLXXXVII

 

Ella está loca.
Ella llora con la lluvia
mientras le cuenta su historia.
Ella le habla a las estrellas
en las noches silenciosas,
le susurra a la luna
lo que tanto le acongoja.
Ella acaricia un retrato
que besa con dulzura
que no cesa de mirar
con ternura.

Ella está loca.
Le regala sus lágrimas al viento
le dice al reloj que detenga el tiempo,
mientras en su oscura habitación
abraza el recuerdo
del más dulce amor
que se llevó su razón.

Bela

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La princesa maya y el conquistador

Un intento de relato…

 

Hay una región en el centro de América donde siempre es primavera, un paraíso perdido escondido entre la maleza. Manglares llenos de la más diversa fauna. Una selva virgen que destila humedad y calor, árboles frutales por doquier, riachuelos con agua tan cristalina que reflejan el cielo, verdor a dónde veas, variedad de flores silvestres que colorean el bosque, dicen que si entras jamás querrás irte.

Allí habita un pueblo pequeño, avanzado para su tiempo, con conocimientos en ciencia, artesano y muy religioso, cuyo rey tiene una hija, tan hermosa como la luna de octubre, piel canela tostada por el sol, virgen maya de sangre pura, cabellera larga abundante azabache, su cuerpo apenas cubierto por los cristales entretejidos por las artesanas, atuendo que deja admirar su perfecta figura, senos túrgidos, caderas anchas, una corona dorada bellamente adornada con plumas de quetzal, mujer fuerte, mujer de maíz. La desean todos, pero está prometida al comandante del ejército quiché.

Esta noche ha irrumpido el gran guerrero en el palacio, lleva con cadenas a un hombre rubio  de gran estatura y fornido, el conquistador  como le dicen todos, ahora esclavo.  El rey se muestra satisfecho ordenando inmediatamente la ejecución del condenado.

– Padre, por favor detente – murmulla la joven

Tres pares de ojos se clavan en ella, los de su padre sorprendido. Jamás una mujer ha interrumpido en un consejo de guerra. Los de su prometido, el gran guerrero, comandante del ejército que la mira rabioso que no entiende porque retrasa el sacrificio – ya lo ha planeado, ofrecer al extranjero al gran dios “Gucumatz”… ¡gozará tanto cuando el sacerdote le arranque el corazón! – piensa. Y por último los ojos deslumbrados del conquistador, fascinado por su belleza, no puede dejar de mirarla, es una visión morena, una deidad maya hecha mujer.

Padre, que sea mi esclavo – sentencia la princesa.

Aunque desconcertado, la idea no parece tan mal al rey, asiente con la cabeza, ante la mirada incrédula del guerrero quiché que intenta protestar pero el rey con un ademán le ordena silencio, mientras que el conquistador respira aliviado. Ser esclavo de esa bella mujer no puede ser tan malo. Al contrario será un placer.

Despojan al conquistador de su armadura, sus insignias, su ropa. Un taparrabo será suficiente en la cálida selva petenera, lo llevan ante la princesa. Encadenado. 

Ella lo observa detenidamente, tiene el sol en la piel y el cielo en los ojos o quizá el lago. El lago Petén Itzá, cuyas diáfanas aguas brillan al atardecer reflejando la agonía del sol. Es sumamente grande y fuerte. Lleva en su cuerpo señales de batalla, parece una fiera herida en cautiverio. Pero hay una mirada tierna en sus ojos.

Él la mira fijamente. Tan insistentemente que ella no puede evitar ruborizarse. Se siente acalorada, nerviosa. Se aleja. No entiende que sucede, por qué la mirada de ese hombre la perturba, la inquieta. Es un extranjero que ha venido a profanar su tierra. Merece morir. No sabe porqué le ha salvado la vida. Hasta se arrepiente un poco de haberlo hecho.

La joven lleva consigo al esclavo durante sus caminatas a los lugares sagrados, parajes secretos de la selva. Sitios donde solo el jaguar habita y manda, y que su padre le mostró cuando era niña. 

Algunas tardes sentados frente al lago de Flores le enseña algunas palabras en lengua nativa, ríe al escuchar su torpe acento y cuando ella ríe él olvida todo, quién es, de dónde viene, qué dejó atrás. A veces escalan los grandes templos, él la toma en sus brazos para ayudarla a subir, están tan cerca que rozan su piel. Ojalá ella no escuche su corazón latir desenfrenado – piensa – es tan hermosa, su piel es tan tersa, brillante, morena y sus ojos negros cuando lo miran traspasan su cuerpo, desnudan su alma. Parece que escarban sus pensamientos descubriendo que ella, solo ella es su dueña.

La princesa ha ordenado le quiten las cadenas, confía en él. Mientras su prometido desde lejos arde de coraje.

Sin darse cuenta o quizá si, se han enamorado. Una noche ella se acerca, seductora y hermosa, besa sus cicatrices, suelta sus cadenas. Le recuesta entre cojines y lava sus pies. Los pies de un esclavo. Los besa. Se inclina ante él. Toma sus manos y las besa con ternura. Toma un paño suave mojado con esencia de “hueledenoche”, con sumo cuidado limpia su rostro, su cuello, su pecho. Sus piernas. Ahora roza sus labios delicadamente, el esclavo la toma entre sus brazos, la ama con todo su corazón.

Ya nada es igual para el conquistador ahora ve los parajes más hermosos, verdes, húmedos y vírgenes, el paraíso para sus habitantes, la muerte para cualquiera, ve el lago tan azul como sus ojos, come tortillas recién salidas del comal con algunos granos de sal, se deshacen en su boca, no hay manjar más exquisito. Amaneceres y atardeceres en una tierra mítica, deseable, fértil , abundante. Ahora cubre su cuerpo con ponchos bordados de las manos indígenas de esta región. El esclavo o conquistador ahora parece uno de ellos.

Su prometido el guerrero quiché no puede más, no soporta verlos juntos, su sangre hierve como lava de un volcán, un día los sigue hasta el gran lago. Escondido entre las matas los ve besarse. Se enciende en ira, toma la lanza. Los matará ahora mismo. Pero no, se detiene, lo piensa mejor; le avisará al rey para que los sorprenda. Silencioso como un jaguar se aleja. El rey escucha incrédulo, montado en cólera llama a la guardia y salen en busca de los enamorados. Un fiel servidor de la princesa lo ha escuchado, corre más aprisa y se adelanta.

Frente al lago, viendo el atardecer dorado, la princesa luce inquieta, nerviosa. Tiene algo que decirle al conquistador.

– Hijo del sol, debo decirte que… una nueva estirpe surge dentro de mí, mezcla de nuestras sangres, unión de nuestras almas, fruto del amor que nos tenemos y que ha brotado como hierba bajo el rocío de la noche.

El conquistador besa las manos de su bella princesa, sus ojos tienen más brillo que el mismo sol, se arrodilla ante ella y hunde su cabeza en el vientre, bendiciendo la semilla que germina dentro de ella.

Un grito desesperado interrumpe la enternecedora escena, es el siervo que clama que la tragedia se avecina.

Tomados de la mano corren tan rápido como pueden y se internan en la espesura, a lo lejos se oye el sonar de gente que viene, tropiezan, se levantan, no pueden parar. Jadeantes y sudorosos llegan a la ribera del río, no es tan ancho así que se aventuran a cruzar. A pesar de sus esfuerzos el rey y sus hombres les dan alcance, solo esa pequeña vertiente del río los separa, pueden verse cara a cara.

El prometido celoso sin esperar las órdenes del rey, arroja la lanza en dirección al esclavo, la princesa sin pensarlo se interpone. Un grito al unísono se escucha, el rey no puede creer lo que ve. En el suelo inerte con la lanza clavada en su menudo cuerpo yace un quetzal. El quetzal pájaro serpiente, deidad del pueblo maya, el mismísimo dios ha salvado al esclavo y a la princesa. Todos están asombrados, la princesa aun tiembla en brazos del conquistador. 

Los indígenas saben que la maldición ha caído sobre ellos. El rey no lo duda, se da la  vuelta y clava un puñal en el corazón al guerrero. Quizá su sangre derramada en la hierba mengüe la ofensa.

El conquistador toma la mano de su amada, la princesa ve por última vez a su padre, mientras se internan en la selva de donde jamás nadie ha salido 

Fin

9

Tweet CLXXXVI

El es el aire que respiro cada día,
el universo que en mis ojos brilla.
Él es la tabla en el océano inmenso.
Me aferro a su alma y sobrevivo.
Solo él me lleva ida y vuelta al infinito
sin que mis pies dejen la tierra.
Enciende fuego en mis entrañas
y puedo volar hasta las nubes.
Solo él escribe en mis páginas vacías,
versos de amor que nadie más diría,
solo él escucha lo que cada trozo de mi corazón grita,
él ve arte donde yo veo ruinas.
Él es el viento que se llevó mi tristeza,
mis alas hasta tocar tierra seca.
Es el sol que entibia mi amanecer.
Es el lugar a donde puedo correr, siempre.

Bela

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Escuintla

Y vámonos pa’ el sur, a la costa! Hoy los llevo de paseo a la bella Escuintla, ciudad de las palmeras, como dice una canción.

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Escuintla es el tercer departamento más grande de Guatemala, su nombre se deriva del nahuatl Itzcuintlán que significa “lugar de perros”, esto porque los conquistadores españoles confundieron a los tepezcuintles que abundaban en esa región con perros.

Escuintla tiene clima tropical y posee tierras fértiles por lo que su principal producción es la caña de azúcar, café, algodón, maíz, frutas y frijol.  Aquí se encuentra el volcán de Pacaya y el Puerto de San José.

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Bueno, pues siendo un departamento costeño sus platillos típicos son las delicias del mar: Caldo de mariscos, caldo de camarones y cangrejos rellenos por mencionar algunos.

 

Ahhh y por si se quedaron con la duda, este es un tepezcuintle.

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Petén

#Asíesmitierra

¿Listos para el viaje? Comencemos… hoy nos vamos a pasear al norte de Guatemala, al departamento de mayor extensión territorial y poseedor de una de las reservas naturales más importantes del mundo: Petén.

Su cabecera es flores donde se encuentra la bella Isla de Flores.

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En la biósfera maya reserva natural de Petén abundan maderas preciosas como:  caoba, cedro, santa maría, chico zapote, cericote, chaltecok, manchiche y jabín. Su principal producción es el hule y el banano. Además es hogar de innumerables especies animales como: guacamayas, loros cabeza azul, y roja, tucán, cojolita, chachalaca, pavo petenero y otras. Entre los mamíferos el tepescuintle, danto o tapir, jabalí, jaguar, venado, tigrillo, mono araña y otros. La mayoría de animales o especies se encuentran en vías de extinción principalmente danto, tigrillo, guacamaya y jaguar así como el pavo petenero.

En el municipio Melchor de Mencos se encuentran innumerables sitios arqueológicos aun no restaurados, pero por su importancia vale la pena mencionar alqunos de ellos tales como:
Nakúm, Yaxhá, Naranjo, los cuales se encuentran bajo el mantenimiento del Proyecto del gobierno denominado Tikal y del Proyecto Triángulo con financiamiento externo.

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Y Petén también ofrece deliciosos platillos que seguro les encantarán, tamal petenero, chuchitos, nance y jocote en conserva. Es tradición durante algunos días del año, sacar una mesita frente a la casa y vender algunos de estos platillos típicos.