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A un alma de cristal
vagabunda y solitaria
un día la tocó un mortal.
Estaba tan necesitada
de una palabra, de amar
que volvió a vibrar.
El la encontró llena de heridas,
de rajaduras y quebradiza,
años de dolor y abandono
que sembró el desamor y el odio.
Y aunque dormida parecía
inmóvil como piedra
al roce de su beso
vibró de nuevo.
Su despertar fue primoroso
¡oh alma! volvió a sentir
volvió a la vida, volvió a reír.
El sonar de su alegría
sus heridas invadía
ya no dolían, ni se sentían
porque la paz que él le daba
la embargaba, 
y era tanta que olvidaba
el pasado
y pensaba
¿Dónde estabas?
Ahora no te vayas nunca más.
Pero él se fue
y el alma en pedazos
comenzó a caer
se desmoronaba
se derrumbaba.
Después del gran evento
solo ruinas se miraban.
Nada quedó del alma.
Y al correr del tiempo
nuevamente se levanta
se reconstruye
y ¡ay de aquel que ose
penetrarla!
Nunca más caerán sus muros,
nunca más la tocarán,
se mantendrá firme
no será más de cristal,
nadie más la hará vibrar
para volverla a destrozar.

Bela

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